Nota-Ingenieria-para-el-posconflicto

Artículo publicado en la Revista AméricaEconomía | En su edición Enero - Febrero de 2018​​

Universidad de los Andes – Colombia

Ingeniería para el posconflicto

Los ingenieros de Uniandes llevan años involucrados en proyectos para suplir necesidades postergadas por la violencia. Desde el déficit en infraestructura rural al desminado de los antiguos territorios del conflicto Uniandes es la versión privada del interés público.

La historia de la Uniandes rima como la poesía. La primera estrofa data del año 1949, cuando culminó el sangriento periodo conocido como “La Violencia”. Uniandes fue fundada ese año por intelectuales liberales y conservadores, los dos partidos antagónicos de Colombia, como una plataforma para crear líderes para la paz. Medio siglo después, la historia se repite y la universidad nuevamente trabaja en una Colombia en posconflicto.

Precisamente la envergadura y duración de la violencia ha jugado en contra de la posibilidad de contar con una política nacional de innovación y emprendimiento. “Gran parte de las recursos del gobierno que podían haberse dedicado a estos temas en los últimos 40 años los han dedicado a la defensa”, dice Alfonso reyes Alvarado, el decano de la Facultad de Ingeniería. “Ahora debemos invertir recursos en laboratorios, profesores e investigación, en proyectos con mayor impacto social”. 

Con esta convicción, la Facultad se ha encargado de impulsar proyectos como las Vías Terciarías Para La Paz. Se trata de una ambiciosa investigación para desarrollar materiales y tecnologías capaces de enfrentar el déficit de infraestructura en zonas remotas de Colombia. Reyes Alvarado cuenta como, hace 8 años, profesores y estudiantes comenzaron a viajar a a estas localidades. “Empezamos a identificar los materiales y las formas que podían ser modificados para que puedan ser utilizados localmente en la construcción de infraestructura por sus propios habitantes”.

La Facultad de Ingeniería de la Uniandes cuenta con vínculos estrechos con el Estado colombiano a través de organismos como Colciencias (la entidad gubernamental encargada del desarrollo científico) y la Agencia Nacional de Infraestructura. Tiene también proyectos con empresas estatales de envergadura, como Ecopetrol y el Banco Agrario.

Pero sus vínculos con empresas privadas son igual de sólidos. Empresas como Bavaria, Emgesa, Carbones de Cerrejón y Codensa, son algunas de las que han solicitado apoyo para el desarrollo de tecnologías y procesos. Las áreas con mayor avance, según Reyes Alvarado son la Ingeniería biomédica, procesos, tecnologías de la información y materiales. 

“Para mí la innovación es un proceso, no es algo que se da esporádicamente. Y como proceso está asociado al aprendizaje”, dice el Decano. “En ese aprendizaje usted empieza a cuestionarse lo que normalmente se venía haciendo”. 

Como en el pasado, esta universidad privada desafía las barreras entre lo público y lo privado, asumiendo un liderazgo tecnológico e intelectual a través de la innovación. En un país como Colombia que sale de medio siglo de conflicto armado, sus proyectos de ingeniería están orientados con ese fin.

Proteger en la posguerra

A partir de 2007 el poder de ataque de las FARC disminuyó y los mandos militares, detectaron un nuevo patrón. Lejos de sus acciones espectaculares de antaño, las guerrillas recurrían cada vez más al uso de minas antipersonales. Así Colombia llegó a ser el segundo país más minado del mundo, luego de Afganistán, según el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica del país. 

Alejandro Marañón , académico del Departamento de Ingeniería Mecánica de Uniandes, recibió un llamado de INDUMIL, la empresa estatal de armas y municiones, con un pedido específico: Desarrollar una tecnología para proteger a los soldados encargados de remover las minas. 

“Formamos un equipo multidisciplinario, “, recuerda Marañón. “Participaron ingenieros mecánicos, ingenieros biomédicos, diseñadores, profesores y estudiantes de doctorado, de maestría y de pregrado”. Entre los laboratorios de la Facultad y la Escuela de Suboficiales de Cundinamarca, recabando información de primera mano de los efectivos militares en terreno, el equipo comenzó a diseñar soluciones.

Marañón se encargó del desarrollo de un chaleco, Luis Mario Mateus de crear un casco, y Juan Pablo Casas de crear botas especiales. “En términos de chalecos, logramos reducir el peso y el trauma producido por la explosión”, señala Marañón. Respecto a los cascos, la idea era disminuir el trauma que se producía por el impacto de fragmentos y diseñaron un sistema de amortiguamiento. 

El problema podría afectar también a los civiles que están volviendo a habitar territorios potencialmente minados. Sin duda, la tecnología desarrollada por los ingenieros ayudará a cerrar esta herida.

Highlights

- 9 Programas de grado y 17 maestrías y un programa de doctorado.

- Aproximadamente el 40% d ela población de la universidad pertenece a la facultad de ingeniería, con 5.675 estudiantes de pregrado, 1.400 en maestría, y 103 en doctorado en 2016.

- 70% de los profesores con doctorado, para 23 grupos de investigación con 50 laboratorios y un presupuesto anual en I+D+i de US$ 13 millones.